Moteles
| Sórdidos, agujereados por la ausencia, éramos rojizos silvestres y nos arropábamos en las sábanas de la inmundicia. Rivera Hotel, era esa pieza oscura donde ausentes e imprecisos disfrutábamos del maligno olor a papas fritas y nauseabundas cervezas derrotadas. Éramos dos solitarios. plasmados de humo y espejos extranjeros. Esperábamos brisas propicias un tiempo mejor para olvidar el Rivera Hotel y el amor como un hielo trastocado. |

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