Allá arriba
Di Risso era morocho y de piernas retorcidas como los tallos de la parra al buscar altura, tenía ojos de cuis lejos de la cueva, gritaba como Tarzán y tapaba con su grito la campana del recreo de la escuela y lo seguían todos, en tropel hasta el potrero, detrás de una pelota de trapo reaparecida después del invariable secuestro.
Así, de un momento para otro, cuando cursábamos cuarto, nos sucedió este compañero impulsado tal vez por el cansancio de la maestra de tercer grado. Di Risso era una voz chillona y puro nervio, siempre a punto para las piñas. Era la patada certera a tiempo, era el comando a tizazos del silencio y la risa, era el acomodo, a su único antojo, del copiar y del borrar el pizarrón, era una cara puesta de canto sobre el pupitre que suplicaba ayuda a la hora de las pruebas, era el agujero en la cuenta de un problema que se resistía.
Era el novio de nuestra maestra gorda, la compraba con piropos solapados, con las manos en rezo y perdóneme Nélida, no lo voy a hacer más, y se ponía mimoso: sí, Nélida, sí, lo que usted diga, y ella que contaba en su haber una bala en la rodilla por alguna lid amorosa, se olvidaba de su pierna renga y de sus cien kilos a cuestas y de que Di Risso, por todo esto, la llamaba EL TANQUE, y le soportaba respingos y berrinches porque total, a esta altura, de qué servía confrontar las fuerzas.
Era un chico que no se veía en la calle, había que amasar mucho pan para mantener a cuatro hermanas solteras y a una porretada de hermanos más chicos, y cuando habían cerrado las panaderías, en las tardecitas de invierno con añoranza de mate cocido, aparecía él con su bicicleta, golpeaba las manos en todas las casas, cambiaba por monedas sus panes calientitos y tortas de harina de maíz, apetitosas.
Llegaron los días de primavera bien entrados en verano y con ellos, las ganas de despertar temprano y de peinarnos el pelo y planchar los guardapolvos para ir a la escuela y yo me abrazaba a las achiras que le pondría a la Virgen de Luján, ritual consagrado en la escuela para que se fuera más rápido la mañana.
Fue para ese tiempo que explotó Di Risso: "tú eres como el sol de la mañana, sos el macho e' mi hermana, sos el macho e' mi hermana, que entra por mi ventana, que entra por mi ventana". Vestía sus primeros pantalones largos, unos vaqueros apretados que avanzaban por las hileras de bancos y bailaban al son de una misteriosa música que parecía arrancarle a la pobre escuadra, en ausencia de la maestra, claro.
Con los ojos en blanco, frotaba entre sí sus finos labios, ponía cara de arrobo, como de beso, y todo su cuerpo se contoneaba en movimientos de amor como Sandro y Palito al mismo tiempo y atrapaba mi mirada en sus caderas, él me soltaba el pelo y la risa y yo me olvidaba de las copias y las investigaciones.
Di Risso cantaba ante un público expectante, vivado por algunos y envidiado por otros, acercaba su boca bisbiseante a mi oreja enrojecida y algo se contenía en mi pecho y había un anhelar de caricias que nunca llegaban.
Por eso aquel día olvidé mi guardapolvo blanco y ofrecí mi blusa abotonada a un Di Risso convertido en Manzanero, "y esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú", lo vi como un Romeo arrodillado, pasando por mi nuca sus manos transpiradas y su voz húmeda en mi mejilla musitaba, sólo para mí, ¡Ay, Rosina! y yo, toda emoción y miedo porque su mano resbalaba nacido en ese instante para él y su mano entraba en mi piel y desgranaba botones guiada por mi mano, y todo él, pronto fue cabeza escurrida en la abertura de mi blusa.
Y hubo algo no planeado, la pelota de trapo, un compañero, el puntapié hacia el techo, el cabeceo de otro y la pelota con fuerza, alta, altísima, pegando contra la lámpara, un enorme globo blanco, como un mundo, balanceándose, a punto de estrellarse contra el piso, y, la respiración contenida, y un grito del guardián de turno, ¡cuidado que viene El Tanque! y ella, ¿qué está pasando aquí?, y sus pasos, los pasos voluminosos de nuestra querida maestra cruzaron el aula y se pararon, justo, debajo de aquel globo blanco, balanceándose, grande, grande, BUMM, BUMM, BUMM, allá arriba.



